COlab

La economía colaborativa y su impacto social

Me preguntaban hace poco si la economía colaborativa tenía mucho o poco de impacto social. La respuesta era sencilla: efectivamente, tiene mucho o poco de este impacto, pero en ningún caso nada.

Antes de nada, ¿qué es todo esto de la economía colaborativa?

Hay más de una definición. Yo me lancé hace no mucho a definirla de una manera muy sencilla en este artículo en el que, por encima de cualquier manera de intentar explicar este fenómeno, sólo quería dejar una cosa clara: la economía colaborativa eres tú.

Somos nosotras las personas que, con nuestros bienes, servicios, tiempo, conocimiento y dinero, y gracias a la tecnología que nos conecta, ponemos en valor en la economía algo más que lo que tenemos infrautilizado. Ponemos en valor nuevo papel activo en la sociedad, que nos vuelve protagonistas de la misma. Protagonistas de un cambio que podemos sentir cada vez más y en todos los sectores, más allá tan sólo del económico.

Es una economía que nos ofrece herramientas para poder consumir, producir, financiarnos y aprender de manera más sostenible, más social y más económica. Una economía a escala humana cuyo fin, aún lejos, es dejar atrás sistemas tradicionales basados en el poder, el dinero y la jerarquía, poniendo a la persona en el centro y a las comunidades que están en torno a ellas como nodos no sólo productivos, sino también decisores.

La sociedad colaborativa sueña con estar compuesta de organizaciones más horizontales, distribuidas, descentralizadas y participativas. Un sueño para el que aún queda mucho por hacer, pero para el cual tenemos cada vez más herramientas y, como con toda herramienta, el resultado dependerá del uso que se le dé.

Y es digital

No se puede negar que el aspecto tecnológico es fundamental. La conexión que se ha producido entre las personas en los últimos años nos ha llevado a crear unas redes sin fronteras y unos modelos de negocio hasta ahora desconocidos. Aunque sería un error pensar que toda economía colaborativa es digital y que toda economía digital es colaborativa.

Hay grandes empresas que ofrecen servicios de otros profesionales a través de aplicaciones que ofrecen una eficiencia hasta ahora desconocida. De ahí a que sea colaborativa hay un trecho. También hay proyectos que casi no hacen uso de la tecnología. Son iniciativas tanto o más colaborativas que aquellas que copan los titulares de los medios cuando se habla de este sector, pero son locales y offline, de ahí que no sean escalables, al menos de manera centralizada.

Es social y también sostenible

Pero no es lo mismo que economía social y no es economía verde, y aún así están muy relacionadas y van juntas de la mano —o deberían— para hacer de éste un mundo mejor. Un mundo de personas empoderadas, con menos desigualdades sociales y donde el medio ambiente es respetado.

Tiene impacto social porque se centra en la persona y potencia sus capacidades para que éstas sean parte del cambio. También porque, gracias a la tecnología, permite la creación de comunidades más allá de lo local, abriendo nuestros círculos de confianza a los desconocidos, y nos demuestra que juntos somos más fuertes y podemos hacer las cosas diferentes.

Un cambio que además pasa por consumir de una manera más sostenible , haciendo un uso más racional de los recursos existentes mediante la utilización compartida —ya sea trueque, préstamos, alquiler, uso compartido o regalo— de los mismos. El acceso frente a la propiedad nos permite utilizar bienes de una manera más económica, evitando tener que, necesariamente, comprarlos. Además, nos da la opción de rentabilizar los nuestros.

Si empoderas, impactas

No hay nada más impactante que demostrarle a alguien que puede hacerlo todo de otra manera y ser parte activa del día a día. No hay nada que produzca más cambio que el cambio que depende de cada uno.

El potencial de la economía colaborativa no es el presente que estamos viviendo con los sistemas disruptivos que amenazan con transformar el sistema económico tradicional. El futuro más cercano, una revolución de valores y cambios en los paradigmas sociales basados en el empoderamiento ciudadano haciendo uso de esas herramientas, es la verdadera fortaleza.

Y todo impacto conlleva polémica

No podía estar exento este sector de su correspondientes fricciones con sectores con los que converge y que lo ven como una amenaza. Nada nuevo bajo el sol. No es algo que cualquier cambio en modelos productivos anteriores no haya traído consigo bajo el brazo como contraprestación a los avances que produce. Hemos de ser conscientes del coste que conlleva la innovación, pero también hemos de tener claro que la innovación es imparable y, bien utilizada, positiva para todos.

Y toda polémica, vías de mejora

Mucho se ha criticado a esta nueva economía, y tanto o más nos queda por ver. Esto no es negativo si viene acompañada dicha crítica de ánimo constructivo, más bien es una herramienta para que crezca sin perder sus valores. Las polémicas que mencionaba anteriormente han servido para ir más allá y darnos cuenta de que estamos sosteniendo, hasta cierto punto, un capitalismo colaborativo cuando, para ser más coherentes con la filosofía que impregna a este sector, deberíamos estar acercándonos a un cooperativismo de plataforma. Un sistema en el cual los usuarios sean más que meros productores de bienes y servicios y que aporten ideas y participen de las decisiones. Por suerte hay muchos ejemplos de este sistema. Por desgracia, con menos impacto en medios.

Y aquí entra el crowdfunding

Esta alternativa a la financiación basada en la participación abierta de pequeños inversores o mecenas es una de las vías para que la ciudadanía tome parte activa en los proyectos y empresas. Tanto para decidir cuáles salen adelante, midiendo la viabilidad económica en conjunto con el impacto social, como para, en algunos casos, ser parte de los órganos decisorios mediante las opciones existentes.

Hilando con todo lo anterior, el crowdfundingparte de la economía colaborativa— es en sí una herramienta de impacto social, pues permite un aumento de ese empoderamiento tan necesario para que nos demos cuenta de que somos parte activa y protagonista de todos los aspectos de la sociedad, y que trabajar, consumir y votar cada cuatro años como únicos métodos de participación, son cosa del pasado.

 

Artículo escrito por Pako Rodríguez


Paco OuiShareResponsable del área Startups y emprendedores en FreeDeLibre. Conector de OuiShare y blogger. Puedes seguirlo en Twitter.


2 respuestas a “La economía colaborativa y su impacto social”

  1. […] Por último, si bien se trata de una plataforma que encajaría en principio en la denominada “on demand economy” por tratarse de profesionales que ofrecen sus servicios habituales a través de un marketplace utilizando este como otro canal de venta, su espíritu colaborativo, abierto e inclusivo, tanto con respecto a personas con discapacidad – o con capacidades alternativas – como de cara a no profesionales que quieren validarse como tal aprovechando el acceso al mercado laboral del talento IT autodidacta sin titulación, es un buen ejemplo de un tipo de economía on demand con tintes muy colaborativos y con impacto social positivo. […]

  2. […] Asimismo, si bien se trata de una plataforma que encajaría en principio en la denominada “on demand economy” por tratarse de profesionales que ofrecen sus servicios habituales a través de un marketplace utilizando este como otro canal de venta, su espíritu colaborativo, abierto e inclusivo, tanto con respecto a personas con discapacidad – o con capacidades alternativas – como de cara a no profesionales que quieren validarse como tal aprovechando el acceso al mercado laboral del talento IT autodidacta sin titulación, es un buen ejemplo de un tipo de economía on demand con tintes muy colaborativos y con impacto social positivo. […]

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

¿Qué es la Bolsa Social?

Entradas recientes

Buscar…