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Finanzas éticas: añadamos valor al precio


1 octubre, 2015

Por Jose Moncada

Sin aspavientos ni maniqueísmos: educamos a nuestros hijos en valores, nos importa el bienestar de nuestra familia y amigos, exigimos honestidad y talento a nuestros políticos, nos preocupamos de nuestro entorno, celebramos las buenas ideas y, mal que bien, procuramos ser buenas personas… En definitiva procuramos – con nuestros aciertos y errores – tener un comportamiento ético.

Sin embargo, muchos padecemos una extraña esquizofrenia en lo tocante a nuestras decisiones económicas (consumir, ahorrar, invertir, emprender). Cuando se nos presenta una opción de ahorro o inversión, únicamente miramos el potencial beneficio económico que reporta, sin entrar considerar el impacto que producimos en la sociedad y el medio ambiente con esa decisión. No es que seamos inmorales: sencillamente desenchufamos la ética cuando invertimos…

Pero algo está cambiando. Si algo bueno ha traído la crisis financiera es que nos ha hecho pensar. Hay un cambio de mentalidad que poco a poco está calando en nuestra sociedad. Cada vez más gente entiende que ética y economía no pueden andar separadas. Más aún, cada vez más gente comprende que se puede invertir y ahorrar buscando rentabilidad y, a la par, producir un impacto positivo en nuestro entorno. Según un informe de la Global Impact Investment Network (GIIN), los fondos de inversión de impacto de un tamaño inferior a los 100 millones de dólares tuvieron un mejor comportamiento que el resto de los fondos.

Por eso, la llamada inversión de impacto social está experimentando un auge significativo en el mundo, incluso el G8 ha emitido unas recomendaciones para impulsar este tipo de inversión en todo el mundo. En España estamos asistiendo a un prometedor crecimiento de las finanzas éticas. Vamos a ver algunos casos.

El mejor ejemplo de la denominada banca ética lo encontramos en nuestro partner Triodos Bank, entidad pionera que desarrolla desde 1980 un modelo de negocio bancario basado en la transparencia, y que combina la rentabilidad financiera con la rentabilidad social y medioambiental. Sus clientes, actualmente unos 200.000, crecen a un ritmo del 20%, ofrece más de 4.000 millones de créditos y, en los últimos cuatro años, ha duplicado la captación de depósitos, pasando de poco más de 3.000 millones en 2010 a 6.289 millones de euros en 2014. Otro buen ejemplo es Fiare, banco que adopta la forma de sociedad cooperativa por acciones y que busca ser una herramienta al servicio de la transformación social. Con 11 trabajadores y 4.500 clientes en España, gestiona un ahorro de 54 millones de euros y ha concedido préstamos por 13,3 millones.

Otros actores claves en el mundo de las finanzas éticas son los fondos de inversión. Son inversores profesionales que invierten en empresas que tienen impacto positivo acreditado en la sociedad. En España destaca Vivergi, de Ambar Capital, primer fondo de capital riesgo de impacto social autorizado por la CNMV, que con un capital de 50 millones de euros tiene como objetivo acelerar el éxito de empresas sociales y provocar, de este modo, un cambio duradero positivo utilizando mecanismos de mercado. Junto a este, también tenemos a Creas, fondo pionero en España que ofrece la posibilidad de invertir en proyectos empresariales que persiguen fines claramente sociales y medioambientales. Destacables son también las acciones realizadas por Isis, fundación que asesora y financia empresas sociales sostenibles, o Meridia Capital, una gestora de fondos de capital riesgo, con sede en Barcelona, que tiene como objetivo dar soporte financiero y material a organizaciones con impacto positivo emprendedoras e innovadoras.

En el ámbito de las microfinanzas destaca Gawa Capital, un fondo de inversión de reconocida profesionalidad y experiencia, ligado a la banca privada del banco Popular, que impulsa a través de las microfinanzas solidarias el crecimiento económico y social en los países en vías de desarrollo y que a mediados del año pasado gestionaba ya dos fondos cuya suma ascendía a cuatro millones de euros en activos. Gawa ha publicado recientemente un interesantísimo informe sobre los retos de la medición del impacto social de las empresas en las que invierte.

La Bolsa Social es la primera plataforma de financiación participativa autorizada por la CNMV en España. Nuestra misión es facilitar la inversión con valores. Nuestra particularidad es que, a través de la fórmula del equity crowdfunding, inversores tanto profesionales como minoristas pueden invertir en el capital de empresas de la economía real que producen un impacto positivo en la sociedad y el medio ambiente. Así, damos la oportunidad a empresas jóvenes pero con gran potencial y talento a que encuentren la financiación necesaria para crecer.

En la Bolsa Social caben empresas de diversos sectores productivos, siempre que tengan impacto social positivo, un modelo de negocio probado y potencial de crecimiento. Os pongo tres ejemplos que muy pronto veréis en la Bolsa Social: una empresa que produce biofertilizantes más eficientes y baratos que los químicos; una entidad referente en España en coworking, espacios de innovación y nuevos proyectos de emprendimiento centrados fundamentalmente en economía creativa, colaborativa y economía verde o una compañía que apuesta por la revolución sanitaria del siglo XXI a través de la mHealth (salud a través de dispositivos móviles). En definitiva, las empresas que vengan a la Bolsa Social deberán tener en su ADN la idea de producir un impacto positivo en la sociedad y el medioambiente. La semana que viene daremos los ejemplos concretos de las empresas que vamos a publicar.

Si queremos ser coherentes con nuestros valores también cuando invertimos y ahorramos, ya no tenemos excusa. Hoy lo tenemos más sencillo que nunca. Podemos escoger dónde y de qué modo invertir nuestro dinero. Nunca hemos tenido tantas opciones y canales de inversión a nuestra disposición.

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